Conversamos con la periodista venezolana Mercedes Chacín, directora del diario digital “Ciudad CCS” y ponente en la conferencia “Contra la neutralidad. La lucha por el relato en Venezuela hoy”, celebrada el pasado 17 de abril en Barcelona, en el marco del ciclo de encuentros sobre Venezuela “Tejidos de solidaridad”, organizado por el Consulado General de Venezuela en Barcelona y la Asamblea Bolivariana de Cataluña. Chacín fue viceministra de Comunicación de la Cancillería venezolana.
Gracias por atendernos, Mercedes. Partiendo del propio título de la conferencia en la que has participado, “Contra la neutralidad. La lucha por el relato en Venezuela hoy”, ¿crees que existe la neutralidad en la comunicación o es, como sugiere esta idea, una ilusión?”
Yo creo que la neutralidad no existe porque somos seres humanos, producto de nuestras circunstancias, de nuestros estudios, de nuestra vida, y de ahí nuestra subjetividad. Lo que se puede tratar es de ser imparciales, mostrar las distintas versiones y no casarse con ninguna postura, y hasta eso cuesta. Y, hablando de ética, cuando decides ser periodista también te mueven cosas como ser humano, y a veces no es que no puedes ser neutral, es que no debes ser neutral. En una situación como la que hay ahora en el mundo, uno no puede ser neutral ni tratar de entender lo que está pasando desde una postura escéptica: cuando en el tablero están la paz y la guerra, tienes que estar a favor de la paz, y ésta también es una postura que no es neutral.
Si los medios de comunicación no son neutrales, ¿cómo puede el ciudadano confiar en cualquier relato, incluido el suyo? Y, si responden a determinados intereses, ¿nos puede decir a cuáles intereses responde usted?
No me gusta llamarlos “intereses”, aunque en el fondo lo sean. Prefiero hablar de formas de pensar, de ideales. Y mis ideales son los que son: es lo que yo creo, y desde ahí asumo una postura ética. Por tanto, si me preguntas por qué la gente debería creer en el periódico donde yo estoy, yo diría que es porque el diario tiene una postura política justa. Creemos en el Estado social de derecho, tenemos posturas éticas muy claras y muy definidas que van en favor de la gente y no contra la gente. Es un periódico que tiene un compromiso ético con el pueblo.
Cuando hablamos de “lucha por el relato”, ¿de qué estamos hablando?, ¿y quiénes están disputando hoy esta lucha sobre Venezuela?
No es una lucha únicamente sobre Venezuela. Estamos en un momento de lucha entre el bien y el mal, entre la gente buena y la gente mala, entre los que quieren un país y un mundo justo, y los que no. Por un lado, está el capitalismo de Donald Trump, que en lugar de un Ministerio de Defensa tiene un Ministerio de Guerra, y trata de imponer una narrativa de guerra con la intención de meter al mundo en un callejón sin salida, donde los únicos, en teoría, que van a salir victoriosos, son ellos. Uno no puede estar de acuerdo con esta narrativa imperial. Venezuela, por otro lado, a lo largo de casi tres décadas de Revolución e incluso tras el ataque del 3 de enero, se ha mantenido fiel a una narrativa de paz, a la diplomacia bolivariana de paz. Nuestra postura es coincidente con la de otros gobiernos y países, con nuestros bemoles y diferencias. Y yo creo que en ese relato de paz es donde debemos encontrarnos todos, o la mayoría. No digo con nuestros agresores en este momento, porque el bombardeo del 3 de enero fue un acto de guerra y, por tanto, son nuestros agresores, más allá de la diplomacia que está desarrollando el gobierno bolivariano, siempre buscando con mucha responsabilidad el bienestar del pueblo. Pero la mayoría de los pueblos del mundo no quiere vivir en un mundo como el que nos están planteando ahora. Nadie quiere que su país sea destruido o que sus familiares mueran. La paz une a la mayoría de los seres humanos. Entonces, para poder salir de este atolladero que se llama Donald Trump, hay que continuar con la búsqueda de esa narrativa que nos una y, sobre todo, con la difusión de nuestra verdad, que es muy difícil de difundir.
¿Qué aspectos de la realidad venezolana crees que no se entienden fuera del país?
Yo creo que, más que no entender, la gente está desinformada o mal informada, porque hay mucha información sobre Venezuela, pero gran parte es falsa. ¡En algún momento me llegaron a hablar de cuatro o cinco mil informaciones falsas diarias sobre Venezuela! Hay una operación psicológica, informativa y política desde hace muchos años que está trabajando sobre la psiquis del venezolano para lograr que todo lo que se haga desde el gobierno sea considerado malo, equívoco, en contra, etcétera. No olvidemos el rol de los medios de comunicación en el golpe de 2002 contra el presidente Hugo Chávez: Los intereses de la clase gobernante saliente no coincidían con los intereses de la Revolución Bolivariana, y hubo un choque en el que medios privados desempeñaron un papel activo en la construcción de una narrativa adversa al gobierno, contribuyendo al proceso que derivó en el derrocamiento temporal del jefe de Estado. En medio de esta desinformación, para informarse bien sobre Venezuela hay que hacer un trabajo.
Si tuviera que identificar tres ideas falsas sobre Venezuela que se han instalado con éxito en la opinión pública, ¿cuáles serían?
La mentira más grande es que en Venezuela hay una dictadura, que empezó con Hugo Chávez y siguió con Nicolás Maduro. Esta narrativa invisibiliza más de 30 elecciones, el referéndum de ratificación del Presidente Chávez, el triunfo de la oposición cuando ganó la Asamblea Nacional… y, paso seguido, desacredita cualquier cosa que haga el gobierno bolivariano, que queda automáticamente invalidado por la supuesta condición de “dictadura”. Y las dictaduras, cuando son de izquierda, no hacen cosas buenas. Yo creo que esa mentira ejemplifica, de alguna manera, todos los treinta años de mentiras a los que hemos sido sometidos. Y es una narrativa que ha calado profundamente afuera y adentro de nuestras fronteras.
Podemos suponer que un extranjero no conoce Venezuela y que su percepción está condicionada por los medios, pero ¿cómo se explica la desinformación entre los propios ciudadanos venezolanos?
Los que vivimos en Venezuela también consumimos basura informativa, no solamente los que están afuera. Lo que sí es cierto es que los de afuera se la creen más rápido.
Los intentos de desestabilización política, como “La Salida” de Leopoldo López y las guarimbas, la violencia, los incendios, los estudiantes que murieron en el contexto de manifestaciones… todo eso es real. Sin embargo, a partir de esos acontecimientos se fue construyendo una imagen distorsionada del país, como si el gobierno del Presidente Maduro actuara con una represión indiscriminada o como si la población viviera bajo una violencia permanente y arbitraria. No es que no haya problemas, pero tampoco hay que creer en el relato de que la gente se está cayendo en las calles o de que no puedes ir a Venezuela porque te matan en el aeropuerto. Todo ese tipo de noticias forma parte de una guerra informativa contra Venezuela y no corresponde a la realidad que vivimos.
Lo que sí vivimos es el bloqueo y su impacto en la economía del país. Pero, curiosamente, no es el bloqueo lo que se utiliza para explicar la emigración, sino la idea de que la gente huye de una dictadura. Probablemente, si le preguntas a un señor que se está yendo por trocha a Perú por qué se va, te dirá que no tiene una motivación especialmente política y que no lo persiguen “los esbirros del régimen”, sino que simplemente va a trabajar, a buscar un futuro mejor. Pero el relato que tiene que ver con la dictadura es el que ha calado más profundamente.
Si la narrativa sobre Venezuela es tan injusta, ¿por qué cree que ha logrado imponerse con tanta fuerza?
Técnicas muy básicas, como la promoción de noticias, y otras más finas, como la segmentación de la información en las redes sociales.
¿De qué se trata?
Se trata de descontextualizar los hechos y quedarse solo con los titulares. Por ejemplo: “Bombardearon Venezuela”. Si eso no se contextualiza, si no se explica qué ha pasado en estos últimos 30 años, uno se queda únicamente con la idea de que atacaron para “rescatar” al país, para darle libertad, porque “Maduro es un narcotraficante”. Sin contexto, uno se lo cree y piensa: “qué chéveres los gringos”, porque eso está pasando, aunque cualquier persona que vive en un país debería defender su soberanía.
En cambio, si conocemos la historia de Venezuela y vemos que están bombardeando el país, sabemos que es injusto. Porque en Venezuela nadie dice que la situación esté perfecta, pero sin duda podríamos haber estado mejor si Estados Unidos hubiera permitido nuestra autodeterminación. Al no permitirla, se ha generado todo esto que está pasando.
¿Cómo puede la ciudadanía defenderse de la manipulación informativa?
Estudiando, informándose. Dejando de creer lo que dicen los medios de comunicación a la primera. Tienen que buscar, contrastar información, no ver solo un medio de comunicación, sino varios. Saber que, mientras más sorprendentes sean las noticias, más probable es que sean mentira. No hay otra.
¿Dónde está el límite entre denunciar una “guerra cognitiva” y desestimar críticas legítimas?
Venezuela no está amordazada: hay medios públicos y privados con versiones distintas de los hechos y muchas maneras de informarse. Críticas también hay: la gente defiende su territorio y denuncia lo que está mal en su entorno a través de las instituciones que tenga a su alcance. En este sentido, la radio sigue siendo el medio de comunicación más cercano y más accesible para denunciar algún tipo de situación. Se trata sobre todo de fallas en los servicios públicos – falta de agua o luz -, producto del bloqueo en el país. En nuestras más de cuatro mil comunas también hay canales para denunciar y solventar problemas.
Luego hay medios que, a mi parecer, son especialmente nocivos, como Infobae, que permanentemente publica información falsa sobre Venezuela. Que ese tipo de contenido no se vea en Venezuela a mí me parece bien. Me pueden llamar dictadora o lo que quieran, pero si una página está dedicada a difundir mentiras de forma constante sobre un país, yo tengo derecho a defenderme desde el punto de vista comunicacional, sobre todo en un contexto que entendemos como una guerra cognitiva.
A veces el relato oficial tampoco coincide con la realidad de la gente…
¡Cómo no!.
¿Y es más importante corregir la narrativa o corregir la realidad? ¿Se puede ganar la batalla del relato sin resolver los problemas de la gente?
Primero hay que resolver los problemas. Lo que pasa con la narrativa es posterior.
Ya casi hemos terminado. Tras el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de su esposa, la diputada Cilia Flores, el pasado 3 de enero, hubo una reacción inicial muy fuerte por parte de actores políticos, Fuerzas Armadas y aliados internacionales, etc. Pero con el paso del tiempo, algunos han notado que el foco político se desplazó hacia la reconfiguración interna del poder y el relanzamiento de la economía, con Delcy Rodríguez al frente. ¿Se desinfló el tema o hay una estrategia detrás? ¿Venezuela olvidó a Nicolás Maduro?
Voy a tomar las palabras de la presidenta (i) Delcy Rodríguez: “prudencia estratégica”. No hay que buscarle más. Tal vez el tema ha desaparecido un poco del discurso oficial en términos muy directos, pero el gobierno no ha dejado en ningún momento de defender al presidente Maduro, de darle todas las herramientas legales para que pueda volver en libertad, y estoy segura de que no va a dejar de hacerlo. No ha parado de decir “los queremos de vuelta”, y si observamos los vídeos más recientes, la presidenta termina con el gesto de las dos manos utilizado por Nicolás Maduro [con una mano formando una “V” y la otra apuntando hacia ella, que representa “Nosotros venceremos”, ndr].
Obviamente, el gobierno está sometido a una gran presión. Es una situación muy incómoda e injusta, en la que Delcy Rodríguez debe seguir con la diplomacia bolivariana y, a la vez, luchar por la liberación de Maduro y el fin del bloqueo. Todo lo que está pasando no es lo que los chavistas quisiéramos que pasara, y tal vez no se parece a lo que teníamos con Hugo Chávez, una postura más radical frente a Estados Unidos. Pero estoy segura de que pronto volveremos a ocupar el lugar en la historia que ahora tenemos pendiente. Bueno… eso creo yo.
Todos queremos creerlo. Muchas Gracias Mercedes.
A ustedes.
